viernes, septiembre 30, 2005

Asignaturas

Mis vacaciones están llegando a su fin. A pesar de que en mi universidad de Salamanca todos los estudiantes llevan teniendo clase desde el 20 de septiembre, aquí el curso no comienza hasta el día 3 de octubre. Estos días han sido dedicados a introducir a los alumnos de intercambio en el nuevo ambiente, y más adelante, cuando han llegado los locales, han servido para darnos tiempo a matricularnos. Esta tarea, que en realidad no ocuparía más de un día, se ve imposibilitada muchas veces por la poca disponibilidad de los profesores. Llevamos buscando desde hace unos días al coordinador, llamado Timothy, sobre el que tenemos una seria discusión sobre si es un nombre de hombre o mujer, pero no hemos conseguido desvelar este secreto debido a que han ocurrido muchos contratiempos para que no nos podamos encontrar cara a cara, entre ellos y muy importante, que nunca ha aguantado más de una tarde en su despacho.

Tuvimos una reunión hace unos días, donde conocimos a Jasbir, uno de los profesores que nos ha ayudado a elegir las asignaturas. A pesar de tener ascendencia probablemente pakistaní, su aspecto rechoncho, bajito, con bigote, pelo oscuro y piel morena le dan cierta apariencia del típico español cincuentón. Tras esta reunión, nos invitaron a comer unas snacks y patatas que habían preparado, y como no se quedó nadie pues mi compañero Víctor y yo aprovechamos la situación para contrarrestar el lunch deficiente que habíamos tenido. Ya que eramos los únicos españoles en la sala, empezamos a hablar en voz alta sin cuidar lo que decíamos. En cierto momento Víctor me comentó "¿No lo sabías? Consolador se dice dildo", a lo que yo repetí en alta voz "¿DILDO?", para consecuentemente observar cómo todos nuestros futuros profesores, presentes en la sala, nos dirigían una disconforme mirada de reojo.

En otra entrevista con Jasbir quedamos en elegir las asignaturas que podríamos escoger para convalidar con las de España. Encontramos varios problemas, entre ellos que todas las asignaturas parten de la base de que hay que saber Java, y en Salamanca sólo damos C (ni siquiera C++) así que tendríamos que compaginar el aprendizaje de este lenguaje con el uso de éste en otras asignaturas. Por otra parte, casi todas las asignaturas que escogimos eran de primero y de segundo, y el proyecto está aquí organizado para cursarlo en el tercer curso, así que nos vimos imposibilitados a escoger esta asignatura aunque encontramos una asignatura "sucedánea" de proyecto en 2º, sin carga de investigación pero que nos serviría. Esperemos que el coordinador de Salamanca no encuentre ningún problema.

Al intentar entregar el acuerdo de estudios, nos dijeron que teníamos que ir a ver a la profesora de idiomas Judith Copage ("la Yudi Copaje", para los españoles) ya que teníamos más de cuatro módulos por semestre. Al entrar en su despacho nos encontramos a una profesora muy simpática y abierta que no dudaba en lanzarnos elogios al ver las notas de los exámenes de idioma, pero que nos advirtió que teníamos problemas para expresarnos oralmente. En una animada charla en la que se mostró muy cercana a los alumnos, nos pidió que si escogíamos su asignatura no la abandonáramos a la mitad, ya que conocía el caso de otros alumnos con cinco asignaturas por semestre que acaban dejando la clase después del primer mes. Nosotros acordamos este primer semestre hacer la prueba y compaginarlo todo, pero a nuestros adentros pensábamos que cinco asignaturas de tres horas no era nada comparado con lo que tuvimos en España, alrededor de seis horas de clase consecutivas al día. Quizás la carga de deberes para casa sea más alta aquí y eso aumente considerablemente el tiempo a dedicar en cada módulo, aún así confiamos en poder compaginar todas las asignaturas sin tener problemas hasta final de año.

martes, septiembre 27, 2005

Fiesta dominical


Comenzamos la tarde del domingo de una forma muy british: nos fuimos al pabellón de la universidad que habíamos alquilado para practicar uno de los deportes nacionales, el badminton. Un poco desentrenado debido a que no tocaba una raqueta de ese estilo desde hacía tres años, me lo pasé realmente bien durante la hora en la que competimos los compañeros de habitación. Aun siendo más lento que el tenis, sudé de lo lindo y recordé la necesidad de llevar una cinta para el pelo cuando hago deporte. Me suda tanto la cabeza, que el pelo me empieza a gotear por todas partes y supongo que cualquiera que me vea pensará que estoy transpirando por todo el cuerpo, aun con un esfuerzo tan ligero.

Al llegar a casa, nos sorprendió ver que unos jóvenes ingleses con una chaqueta estandarizada entraban en nuestro pasillo con nosotros y empezaban a aporrear todas las puertas. De hecho hicieron salir a uno de los compañeros de la ducha sólo para decirle desde la puerta que por la noche se haría una fiesta a las 19:30, pero que lo sentían mucho pero que para la ocasión tendría que llevar ropa.

La fiesta no estaba lejos de ser igual que las demás: el mismo bar de la Unión Estudiantil y con los estudiantes de intercambio, a los que ahora se le añadían los estudiantes ingleses que ya han ido apareciendo por el campus. El bar estaba atestado de gente y con la misma música atronadora, así que nos quedamos en la parte más tranquila donde pudimos sentarnos y tomarnos nuestras pintas.

A lo largo de la noche tuve la oportunidad a una chica francesa muy simpática llamada Sophie. Al parecer pasó el verano en Mallorca y habla bastante bien castellano, así que la conversación estuvo fragmentada entre el español y el inglés. Me reí bastante escuchando sus anéctotas acerca de su trabajo en la isla en un bar de viejos, y le puse a prueba preguntándole términos de bar, como el café carajillo o el Pacharán. Me hizo mucha gracia una historia en concreto, en la que comentaba que se encontró a un hombre con la cabeza apoyada en la barra, por lo que quiso preguntarle que si le dolían los huesos, pero trastocó las consonantes y en lugar de ello le dijo "¿Qué pasa, te duelen los huevos?".

Poniendo al día a quien no lo sepa, desde hace cinco meses llevo dejándome crecer el pelo, para desagrado de mi madre quien se ha pasado todo el verano pidiéndome que me lo corte. Se partió de risa esta tarde cuando le comenté que aquella misma noche una chica inglesa al pasar a mi lado me dijo algo de lo que sólo entendí "hair". Le pregunté de forma brusca "¿¿Qué problema tienes con mi pelo??" y ella me respondió "Nada, es sólo que me encanta". Sorprendido, le respondí "Ah sí, pues a mí también...", y me volví a la mesa confundido, pensando si realmente lo pensaba o si realmente se estaba riendo de mí...

Lo más triste de la ¿noche? ¿tarde? es que tras unas cuantas horas de discoteca, nos terminaron echando de ella. Me sentía algo cansado, así que miré el reloj para saber la hora y descubrí que no eran nada más que las doce y media... Se comprende que estaría fatigado después de cinco horas de discoteca, pero la sensación de irse a casa a esa hora aunque uno ya haya tenido suficiente fiesta es muy extraña. Por otra parte, se agradece aquello de que uno pueda levantarse a una hora prudencial la mañana siguiente habiendo descansado después de la fiesta un tiempo más que suficiente.

sábado, septiembre 24, 2005

Stratford


El día de la bienvenida vendieron los tickets para una excursión que se iba a realizar esta mañana, pero cuando me llegó el turno de comprarlos ya se habían agotado. Me metieron en una lista de reserva, me interesé por si me habían admitido a última hora pero no hubo manera de que pudiera ir ese día. Al menos se realizaría una excursión igual el próximo sábado... Por suerte, ayer por la noche una polaca me vendió su ticket debido a que a ella le habían puesto una reunión ese día, y de esa forma pude ir esta mañana a Stratford.

Tras un viaje relativamente corto en el que estuve hablando con un alemán llamado Stephan, llegamos a Stratford, la ciudad de Shakespeare. El autor es, indudablemente, la marca de la ciudad, de hecho el nombre oficial de la misma es Shakespeare's Stratford. Todas las visitas turísticas a la ciudad están relacionadas con el dramaturgo inglés: la casa donde nació, la iglesia donde le enterraron, la casa de su yerno, la casa de nieta, etc. Aunque pueda parecer que estos son los únicos reclamos de la ciudad, tengo que añadir que también posee unos canales muy bonitos, rodeados de paseos y parques que tuvimos la suerte de verlos iluminados por un sol resplandeciente que hizo que todas las familias se acercaran allí a pasar la tarde y a llenarlo de vida. Tuvimos la oportunidad también de ver el funcionamiento mecánico de las esclusas, al intentar pasar un barco-vivienda por debajo de uno de los estrechos puentes que atraviesan el parque.

A la vuelta conversé con un chico de Malawi muy alegre llamado Webster, que vive en Telford y que piensa pasar todo el año en Inglaterra. Y ya aquí, después de haber hecho mis compras y cenado, me dispongo a ir al bar de los estudiantes de intercambio, en el que espero que hayan reducido el volumen de la música para no dejarme atronado y con una voz totalmente afónica tal y como me desperté esta mañana.

viernes, septiembre 23, 2005

Compañeros

Aquella primera noche conocí a uno de mis compañeros de pasillo y con el que he compartido bastante tiempo estos días. Se llama Floriant, viene de Alemania y está haciendo su último proyecto de investigación antes de acabar Ingeniería Mecánica. Es amable y simpático, y juntos hemos recurrido bastantes tiendas en busca de cacharros y comida por Wolverhampton, hasta que conocimos la ciudad.

A lo largo de esta semana he ido conociendo a los demás, pero a los que no he visto tanto: un chico que acaba de empezar la universidad y que proviene de las islas Mauricio, lugar del que nunca había oído hablar y que ya he buscado en Google Earth, en el que la mayoría étnica la tienen los indios, aunque apenas lleguen del 50 %, y con una gran diversidad de razas que incluyen africanos, ingleses o franceses.

El otro chico se llama Bonnie, es de Indonesia y parece que ha estado antes aquí, ya que habla un inglés bastante fluido y además ya debía conocer a otras personas. Y por último está Patrick, finlandés, que tiene la habitación más grande por lo que al verle entrar en ella con una amiga pensamos que era una suite para los dos... xD

Por lo demás, he asistido a varias reuniones sin trascendencia y también he pasado tiempo con los demás españoles de la residencia, es decir, cuatro gallegas, dos catalanas y Víctor; el primer día vimos a más españoles pero al no coincidir con ellos en clase no los hemos vuelto a ver.

Trato de adaptarme lo mejor posible a este estilo de vida y espero con un poco de ganas que empiecen las clases, debido a la inactividad que reina por aquí. Voy tachando nombres de objetos de mi lista de la compra, aunque todavía me faltan varias cosas imprescindibles.

Por cierto, he llegado a la conclusión de que las dependencias no se suprimen, si no cambian. Vine aquí pensando que conseguiría independizarme de mi madre y sus labores caseras, pero el segundo día, al comprobar con desesperación cómo había ardido por accidente el microondas en mi ausencia, me di cuenta de tan solo había sustituido esa dependencia hacia la comida de mi madre por la de la comida precocinada al microondas. Vivir para ver.

Primer contacto

Me ha costado un poquito conseguir acceder a internet con la red inalámbrica de mi cuarto, pero al fin y tras algo más de tres horas que invertí antes de ayer tratando de configurar la red y descargarme los correspondientes Service Packs, al fin estoy disponible para actualizar el blog en el momento que quiera.

Los primeros días en un lugar nuevo se alargan tanto que me parece que en vez de cinco días llevo aquí un mes, imaginaros lo que debe ser relataros todo desde mi llegada hasta este momento... Intentaría ser más o menos breve y directo, pero como sé que aunque haga acopio de fuerzas al final me voy a acabar enrollando, me ahorro el esfuerzo. Perdón.

Me desperté el día de viaje con un horrible dolor de barriga. El día antes había tenido una boda, pero no bebí nada, así que me supongo que serían los nervios, pese a que no me sentía psicológicamente sobresaltado. Apenas desayuné y pasé todo el viaje un poco mareado con la frecuente sensación de haberme olvidado algo. Después de un pequeño atasco a la entrada de Barajas que nos obligó a realizar cierto camino a pie, me reuní con Víctor, el compañero de clase con el que voy a compartir la experiencia de Wolverhampton.

La primera sorpresa estaba al llegar: aunque a Víctor le habían perdonado un exceso de equipaje de cinco kilos, a mí me tocó facturar mis siete kilos extra a un coste total de 88 €. Un par de días después, mis padres preguntarían en el Servicio Internacial si la Universidad cubre estos costes y una mujer no muy amable le respondería que el pago de este exceso viene incluído en la entrega de la beca. Beca que, por cierto, no supera los 120 € al mes.

Después me tocó un aburrido viaje sin vistas a ninguna ventanilla, sin Víctor al lado que me diera conversación, sin ganas de leer y con la misma indisposición de antes, por lo que me dediqué a hojear las revistas del avión y nada más intentar entender a las azafatas y a los pasajeros, que por cierto parecían cada vez más ingleses.

Al bajar del avión resultó ser que casi todos los pasajeros de mi edad, incluso aquellos a los que había etiquetado erróneamente como extranjeros, compartían destino con nosotros, así que nos fuimos captando gente hasta llegar a conocer esa misma tarde a casi todos los españoles que tomaron vuelo en Madrid. El cielo nos recibió con una espesa y deprimente capa de nubes que me hacía pensar que ya era diciembre y que la noche llegaba más rápido que en mi país.

Tras un exótico viaje en taxi con un enturbantado conductor sikh, llegamos a la residencia donde tuvimos que realizar un pequeño papeleo (el conserje me llamó "posh" cuando vió que había escogido una habitación con baño propio). Al fin, conseguí llegar totalmente derrengado a mi habitación, con las dos mochilas y las dos pesadas maletas que llevaba acarreando desde hacía dos horas. Algo malo estaba por llegar, y era que no había recibido el pack de bienvenida que incluía una colcha y agua, lo cual me hizo pasar una noche completamente sediento y mal abrigado con dos toallas y un abrigo, con lo que pillé un dolor de garganta por el que sigo tosiendo en estos momentos.

martes, septiembre 13, 2005

El aborregamiento no entiende de fronteras

(obtenido de La Voz de Galicia)

Inmigrantes en patera saludan al grito de «¡Qué pasa, Neng!»

La Guardia Civil interceptó esta semana una patera que llevaba 39 inmigrantes subsaharianos a bordo en las costas de Fuerteventura. A su llegada al puerto de Gran Tarajal, algunos de los «sin papeles», al ver a los fotógrafos y cámaras que les aguardaban, sonrieron y dijeron: «¿Qué pasa, Neng?», en referencia a la frase que pronuncia un personaje del programa de televisión Buenafuente , una prueba irrefutable del gran poder que tiene la televisión y lo hondo que llegan a calar las frases que los programas ponen de moda.

Todos los inmigrantes se encontraban en buen estado de salud, a excepción de uno de ellos, que fue tuvo que ser atendido por la Cruz Roja porque sufría mareos. La embarcación fue detectada por el sistema de vigilancia de las costas canarias.

domingo, septiembre 11, 2005

Cena de despedida (snif)

Estreno blog y casi casi estreno curso. Tras meses de interminables caminatas, inquietantes preguntas, inaguantables rebotes de ventanillas e incesante papeleo he conseguido finalmente terminar la primera parte de la extenuante burocracia por la que tenemos que pasar todos los Erasmus antes de irnos al lugar escogido. Y digo escogido mejor que deseado, ya que la decisión no es completamente libre y los destinos de estudio están totalmente limitados a los ofrecidos por la Universidad y a lo restrigido por tu nota. ¿Qué habría pasado si, por alguna razón, hubiera salido fuera de los destinados al Reino Unido? Lo mismo estaba en Lyon sin tener ni idea de francés o disfrutando de esa fresquita brisilla que acompaña todo el año a Finlandia.

Este verano, además de haber pasado una semanita en París, he participado como voluntario en la IPhO 2005 (la 36ª Olimpiada Internacional de Física, que fue celebrada en mi ciudad, Salamanca) dándome a conocer a muchos compañeros de la Universidad con los que de otra forma no habría coincidido y permitiéndome durante casi un par de semanas tratar con personas de todo el mundo y asistir a la organización de un evento de tal escala. Pues bien, ayer sin ir más lejos estos amigos a los que conocí entonces nos sorprendieron ayer a varios de los participantes que nos vamos a estudiar el año fuera con una cena en El Corral de lo más animada, en la que la gente se mostró muy cordial y emotiva. Sin esperarme nada más que una alusión a nuestra nueva situación y alguna broma o discursillo, me conmovió que en un bonito detalle me regalaran un marco con una foto de algunos de los compañeros de la IPhO y un bloc de notas con dedicatorias de los presentes. Emocionado, me prometí llevar a la residencia aquel marco y así poder observar con una sonrisa a mis antiguos compañeros.

Así que el 18 de septiembre, dentro de justo una semanita, me dispondré a coger un avión que me lleve a Wolverhampton (Reino Unido, muy cerca de Birmingham) donde pasaré un año entero viviendo al estilo Erasmus. Nos vemos allí.