Falsa alarma
No consigo todavía tener un horario de sueño decente, de hecho siempre que escribo el blog lo hago a primeras horas de la madrugada. Me acuesto tarde, y me levanto con sueño; por eso mismo fue por lo que me molestó especialmente que el jueves me despertara a las 7:40 una atronadora alarma de incendios, que provocó que me levantara de la cama de un salto y como con un cegado espíritu de supervivencia, agarrara la bata, cogiera las llaves para candar la puerta y me saliera corriendo al pasillo. Allí me esperaba Boni, mi compañero indonesio, que también se encontraba en pijama y más al descubierto que yo, con manga corta. Salimos al exterior, donde los porteros nos apremiaban a abandonar el piso, a pesar de que éramos los primeros. Al parecer el resto de los estudiantes se tomaron su tiempo para vestirse y bajar abajo, para pronto descubrir con vergüenza como yo era uno de las solo cuatro personas que habían salido al aparcamiento en pijama... A esas alturas nos encontrábamos todos despiertos. "Así quiero que me levanten todos los días", comentó Petri. Los bomberos llegaron pronto y confirmaron la falsa alarma; y menos mal, porque estaba agitando todos los huesos de mi cuerpo de puro frío.
Boni me informó que a la noche podía ir con él a una cena con comida francesa que iba a dar Sophie, una chica francesa que conocí la primera semana. Me pasé la tarde durmiendo la siesta cubriendo mi sueño acumulado, así que cuando me desperté no tuve más tiempo que ir a hacer la compra y prepararme, sin darme tiempo a cenar nada. "Al fin y al cabo vamos a cenar, ¿no?" le comentaba a Boni mientras nos cambiábamos de bloque. Pero cuando tuvimos al alcance de nuestra vista la fachada de la casa, con paneles de cristal en el pasillo, nos sorprendió ver que estaban haciendo cola para entrar en la cocina. Al subir nos colocamos en una buena posición justo al lado del horno, por lo que nos dio tiempo a desgustar un poco de cada plato, y cuando crucé el pasillo para poder hablar con el móvil me sorprendí al ver que la cantidad de invitados superaba la veintena.
Salí hasta las tres de la mañana, una hora respetable aquí ya que es a la que cierran los bares. Luego perdimos un poco el tiempo en el Asda, un hipermercado 24 horas pero que cierra los domingos, y del que no he hablado hasta ahora, pero realmente se trata de una institución para los alumnos. Desde las tartas, a las galletas, pasando por los platos de lasaña precocinada y vodka de marca blanca, el logo de Asda cubre las estanterias de todas las cocinas de las residencias. Era la primera vez que entré por la noche, y la verdad creo que no se distinguiría en nada a cuando está cerrado al público, con todas las cajas tirandas por el suelo y los mozos colocando los productos, si no fuera por el par de cajeras que se colocan junto a la puerta para cobrar a los pocos noctámbulos que se acercan por allí. Tras enredar un poco con los disfraces de Halloween y comentar los distintos tipos de chocolate (como siempre, la marca Asda era la más asequible salvaguardando el sabor), me fui a casa donde tardé un poco en dormirme. Sobre la cama, escuchaba los gritos de borrachos que había fuera, y que me recordaban los frecuentes cánticos que se escuchan cualquier sábado por la noche desde mi casa en Salamanca. Escuché como uno de los nativos abandonaba el grupo para pasar corriendo al lado de las ventanas y dar un porrazo a cada cristal, y me sonreí al imaginar el sobresalto que le provocaría a más de uno el despertarse en medio de la noche con semejante espectáculo.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home