martes, octubre 04, 2005

Un día de mierda

Por mucho que intento adaptarme a los nuevos horarios, todavía no he conseguido levantarme antes de las once y así hacer propiamente un desayuno y un lunch separados, pero debido a que el primero se toma nada más levantarse y este segundo sobre las doce, no me ha quedado más remedio que prepararme un brunch en el que tomo un poco de las dos cosas. Sin embargo, esto hace que con la cena sólo tome dos platos al día, lo cual no me parece nada saludable mantenido durante mucho tiempo.

Hoy por la tarde he asistido junto con Víctor a mi primera clase, Herramientas de Desarrollo de Software. Tras dar con la ubicación de la clase, nos encontramos con un aula enorme lleno de mesas redondas con cuatro ordenadores y cuatro cómodas sillas con ruedas cada una, sin que hubiera ninguna superficie reservada para el profesor, cuya presencia se pasaría inadvertida si no fuera la única persona que estaba de pie en la sala. Esto me hace pensar el nuevo estilo de clases a las que voy a asistir, en las que es el alumno mismo el que tiene que estudiar el temario a partir de la documentación que le ofrecen y sólo se consulta al profesor en caso de duda.

Tras saludar a los otros dos Erasmus alemanes que estaban en otra mesa, descubrimos con temor cómo los estudiantes se ponían a realizar directamente los programas en Java sin ninguna explicación previa. Como ya comenté otro día, en mi facultad no se estudia este lenguaje hasta cuarto curso, por lo que fuimos prestos a comentar al profesor nuestro problema. Como si fueramos niños castigados que van de camino al despacho del director, seguimos a una profesora que nos llevó hasta donde se encontraba Jasbir, el coordinador que nos había ayudado a elegir las asignaturas. Tras explicarle nuestra situación y analizarla, me informó que no podría ejercer este curso la asignatura sin conocer Java, así que salimos de su despacho desesperanzados sabiendo que no nos van a convalidar una de las asignaturas más duras de la carrera, Ingeniería del Software.

Al llegar a casa, me sentí derrotado, asqueado, sin ganas de hacer nada delante del ordenador (aunque mi propósito inicial era echarle un vistazo a ese dichoso lenguaje), me dispuse a charlar con algunos amigos por el Messenger y descubrí que estaba de mal humor, impregnando todas las frases con un tono de aspereza. Al comentárselo a Víctor me declaró que él se sentía exactamente igual que yo. En ese momento sentí en mi cabeza una nube de humo tan oscura como las que habían asolado Wolverhampton durante todo el día, mis párpados se entornaban y mi labio superior se contraía. Me sentí de pronto muy cansado, con ganas de irme a la cama y terminar de una vez con este asqueroso día. "vaya un día de mierda", escribí en la ventana de conversación, pero cuando para cuando pulsé Enter Víctor ya se había desconectado.