Cocina y cumpleaños

Ayer, como teníamos planeado, celebramos una especie de fiesta en la cocina de nuestro pasillo. Hace una semana habíamos ido nosotros a la fiesta de Miia, un encanto de mujer, la mejor amiga de nuestro compañero finlandés, así que ahora nos tocaba a nosotros hacerla e invitar a los mismos que se unieron a la otra fiesta. A estas personas se añadían los españoles, a quien había encargado de avisar a mi compañero Víctor, ya que la mayoría de ellos viven en su mismo bloque.
En la fiesta pasada me equivoqué de hora y cuando estaban todos arreglados a punto de irse yo acaba de volver del hipermercado y me disponía a tomar la cena... Hubo bromas sobre cómo aparecería yo en la cena, en chandal y buscando hueco entre las botellas para poder tomar a gusto mi tortilla y mis filetes. Pues casi ocurrió. También fui al hipermercado, también se me pasó la hora, y si no se repitió la situación mencionada fue porque todos los invitados llegaron tarde. Me tocó ir a buscar a los españoles, que no daban señales de vida, y me sentí fatal cuando al llegar a su bloque Víctor ni se preocupó en abrirme la puerta ni darme explicaciones de su tardanza. Pensé que se habría olvidado de todo, que no habría avisado nadie y que habría preferido hacer sus propios planes... Pero al final no había pasado nada de eso, y aunque sólo vino con él otra chica más (las otras estaban enfermas o ilocalizables) no se echó en falta más gente.
La fiesta estuvo entretenida: la conversación derivó como siempre hacia el aprendizaje de expresiones comunes en otros idiomas y, como era de esperar, derivó a los insultos. Construimos una cerverámide que llegó hasta el techo y que no sé quién fue el que tuvo el valor de desmontarla esta mañana, y felicitamos a Boni, el benjamín indonesio, que alcanzaba la mayoría de edad a la media noche.
A la hora conveniente nos bajamos al centro, a una discoteca bastante popular pero a la que nunca había entrado, llamada Atlantis. Un laberinto de escaleras y habitaciones te llevaba a varias salas de música donde se podía escuchar desde dance del bueno hasta música negra, del que no aguanto más de cinco canciones seguidas, aunque ni siquiera soy capaz de captar cuando acaba una y empieza la siguiente. Me sentí realizado al conseguir finalmente el nombre de una canción que llevo escuchando dos veces cada vez que salgo, y que para mí casi se ha convertido en un himno de la fiesta: no era otra que "Doctor Pressure", de Mylo. Mientras me iba de la sala, me asusté al tener otro altercado con una inglesa, que se me apareció de repente para empezar a peinarme el flequillo con la mano... ¿Sería la misma chica que el otro día, o es que mi pelo se trata aquí realmente de una eventualidad?
Hoy el día no ha sido muy activo, lo típico después de un día de fiesta. Lo divertido fue que a la noche hice salir corriendo del cuarto a Boni, preguntándole que si sabía quien había quemado la hornilla de la cocina. Al llegar al cuarto común se encontró mostrándole una tarta sobre la mesa y al resto de mis compañeros cantándole el cumpleaños feliz. Fue un detalle muy simpático, durante el cual estuvimos bromeando sobre mi creciente mala fama de cocinero, de la que un día de estos os tendré que contar algo.

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