miércoles, marzo 22, 2006

Birmingham - Liverpool


Desde que llegué a Inglaterra, una de las cosas que tenía escrita en mi lista imaginaria de cosas pendientes era ver un partido del Liverpool, cuyo entrenador es el español Rafa Benítez y en cuya plantilla se encuentran nacionales de la talla de Gerard, Xavi Alonso y Morientes. Al principio de curso algunos chicos de Flint House fueron a Birmingham a ver al Liverpool. Me enteré al día siguiente de que habían ido allí y además les había sobrado una entrada, perdiendo la oportunidad perfecta.

Habiéndole comentado a mi amigo alemán Ludwig que quería ir a ver algún día a este equipo, comprobamos si estaban citados en algunos de los estadios de Birmingham (la ciudad más cercana a Wolverhampton) y al no ser así, me olvidé del tema. Para mi sorpresa, ayer me mandó un mensaje Ludwig diciéndome que hoy iría temprano a Birmingham para conseguir entradas para el partido Birmighan-Liverpool, semifinal de la FA Cup y que se celebró esta noche.

Después de reunirme con Ludwig y Sonker (un alemán que conocí en mi clase de inglés), nos dirigimos al estadio, donde me sorprendió la poca gente que llevaba distintivos de su equipo. A todo esto, yo llevaba en la mochila una bufanda del Liverpool, pero no me atreví mucho a mostrarla pues nos habíamos colocado en lo que llamamos el fondo sur.

Empieza el partido. Estamos tomando asiento y de pronto el fondo norte grita gol. Los locales se llevan las manos a la cabeza, y nosotros tres, colocados en sitios separados pero cercanos, nos miramos con cara incrédula. Pasan cinco minutos. Al portero local se le resbala el balón entre las manos y el balón va dentro. En este momento, el partido podría darse por acabado.

Marcan otro gol antes del segundo tiempo. Cuando salimos al descanso, algunos ya se van a casa. Después de comentar nuestra mala suerte por ver un partido sin emoción, Sonker propone tres goles más. Se equivocó y acertó a la vez, porque hubo tres goles más, sí, pero en un total de cuatro, a cada cual más ridículo. Lo peor de lo situación es que a nosotros nos entraba la risa, sin que fuera acertado dar muchas razones a los locales para tener una discusión con ellos.

Altercados: un par de personas que salieron al campo, entre ellos una agresiva que se atrevió a dar patadas mientras le atendían en el suelo. Por otra parte, en el cuarto gol un seguidor del Birmingham en nuestro fondo irónicamente celebró el tanto. Otro fan no debió encontrar muy graciosa la intervención y mientras le lanzaba gritos hacía el gesto de empezar a saltar de fila en fila para mostrarle su reacción a la broma. Se quedó en eso. Y luego, provoqué una innecesaria situación de riesgo cuando buscando mi gorra entre las prendas de la mochila saqué por equivocación la bufanda del Liverpool, en un lugar no demasiado adecuado.

El resultado final fue 0 - 7. Tantos goles como el primer partido que fui a ver (aquel inolvidable Salamanca - Barcelona), pero eso sí, un poco menos balanceado. Cuando salimos del estadio no podíamos creer lo que habíamos visto, tratándose además de la FA Cup. A la salida de la estación de Wolverhampton sustituí mi bufanda de colores por la del Liverpool, y me dispuse a pensar en el nick que me pondría en el MSN para dar envidia a mis compañeros.

jueves, octubre 27, 2005

Con mis padres en Birmingham


Este fin de semana vinieron a visitarme mis padres. Es un ejercicio extraño, porque se trata de verlos a ellos en un lugar en el que, lo más significativo, es que ellos no están aquí. Cada día que me levanto me siento extraño, es como tener un poso de pensamientos, por una parte me sorprendo de encontrarme aquí y no en mi casa, y por otro me parece que llevo levantándome de esa cama todos los días de mi vida.

Encontré a mis padres como siempre, la verdad; en realidad no ha pasado apenas tiempo, poco más de un mes, pero a mí me parece muy lejano aquel día en el que, con un fuerte dolor en el estómago, me encontré en Birmingham bajo un cielo totalmente encapotado que teñía todo de gris. Quizás noté a mis padres un poco más mayores, o a lo mejor solo es que para darte cuenta de los cambios paulatinos tienes que mirar un rato hacia otro lado. A pesar de todo esto, pensé que eran los mismos de siempre: mi padre, inquieto y activo, y mi madre, persistente y comprensiva, con las mismas bromas, los mismos gestos, y también, las mismas riñas.

Estuvieron pocos días, y casi todo el tiempo lo pasamos en Birmingham; allí les llevé el primer día, donde pude disfrutar de una visión de la ciudad que no guardaba. Tanto por los comentarios que me hicieron sobre Birmingham antes de venir, como la impresión que me llevé al llegar a la estación de ladrillo ennegrecido por los humos febriles, me decían que la ciudad sería totalmente industrial, sin ningún tipo de interés turístico, tan solo una serie de bloques de piedra y planchas de industria que albergan la segunda población más grande de Inglaterra. Sin embargo, gracias a esta visita con mis padres, disfruté de todo lo que la ciudad puede mostrar, aquellos edificios que hablan de la abundancia que produjo la industria hace ya 150 años.

Como la zona comercial de Bullring, que me sigue pareciendo tan impresionante como la primera vez que la vi, muchas partes del centro de la ciudad han sido demolidas para levantar sobre ellas edificios de estilos de lo más actuales. Nos preguntábamos cómo es posible que al lado de la iglesia de St. Peter, seguramente el centro de la ciudad antigua, pudiera haber construido tantas construcciones modernas: nos supusimos que la mayoría de los emplazamientos antiguos serían complejos industriales, por lo que no tenía tanta importancia su demolición.

Luego nos fuimos a la acojedora cafetería de la librería Waterstone's que aprovecha las instalaciones de un antiguo banco. Se trataba de una sala pequeñita, del tamaño de un cuarto de estar, con sillas, mesas y papeles tapiz al estilo inglés: el resultado era un lugar de lo más confortable desde el cuál observar las calles mojadas de Birmingham. Mientras fuimos a pedir, mi madre se que quedó sorprendida al observar a una chica joven y bien maquillada: se entretenía en hablar con "alguien" que debía estar colocado entre su silla y el cristal de la ventana, haciendo los mismos gestos con la cara que hace una persona en una conversación e ignorando completamente a quienes estaban a su alrededor. En fin, se puede unir a la banda de personajillos que vamos conociendo en Birmigham.

Más tarde nos dimos un paseo por los canales, con puentes estrechos y barquitos alargados como los que ya había visto en Stratford, patos, y hojas, muchas hojas que quedaban presas en las estancadas aguas de los conductos. Otra vez observamos el curioso funcionamiento de las esclusas, que además eran muy necesarias ya que los canales estaban construidos a varios niveles: tan pronto entrabas en un centro comercial desde uno de los canales cuando advertías que para salir a la altura de la calle tenías que bajar varios pisos. Según volvimos hacia el centro, entrando desde el oeste, encontramos una plaza desde la cual, en un mismo punto, podías ver unos seis edificios modernos y contemporáneos de los más distintos estilos, todos unos juntos de otros.

Y así, ya anochecido, fue como volvimos de mi segunda experiencia en Birmingham, con muchas más bolsas que con las que fuimos.

lunes, octubre 17, 2005

De compras en Birmingham


Al día siguiente habíamos quedado los del pasillo en ir a Birmingham, así que adormilado me preparé con el tiempo apretado para estar listo a la hora dispuesta. Tras un relativamente corto viaje en tren, salimos de la estación New Street, que daba directamente a la calle de tiendas. Mientras esperábamos a que Miia terminara sus compras en la impresionante Victoria Square, me fui solo a pillar un té en uno de los cafés de alrededor. Petri corrió para llegar a mi lado, cuando un inglés señaló a mi compañero y le dijo "Go home, son of bitch!". Este es sólo una de las grandes muestras de amabilidad que nos dieron sus habitantes durante todo el día, a la que se añadió la imitación del "No, thank you" que le había soltado a un vendedor ambulante, y que le debió de hacer gracia la forma en que lo decía porque según me marchaba no paraba de repetir esa frase.

Pasamos casi todo el tiempo dentro del centro comercial Bullring: es enorme, sólo él alberga casi tantas tiendas de ropa como la calle Toro de Salamanca. Había ropa muy cara, y también muy barata, todo era cosa de ir buscando el sitio adecuado. Nos hizo mucha gracia un sacapuntas que encontramos en una tienda: se trataba de un muñeco poniendo el pompis y con el agujero para el lápiz en el ano, que cuando le metías un lápiz empezaba a quejarse y a hacer ruidos.

A la vuelta llegamos justo a tiempo para pillar el tren. Como estaba un poco más atrás de donde debía, entramos dentro y le preguntamos a un hombre que si este era el tren para Wolverhampton. "I think so", nos comentó. Otros dos chicos que entraron nos preguntaron también que si era el de Wolverhampton, así que no nos cupo duda de que estábamos en el correcto, hasta que comprobamos que el tren marchaba en dirección contraria a la debida... Nos bajamos en la siguiente estación junto al hombre, que se sentía el pobre tan totalmente culpable que no se montó en el mismo vagón que nosotros por vergüenza. Al menos él nos avisó de que era la dirección contraria, porque nosotros a los otros chicos no les dijimos nada y a saber cuántas estaciones seguirían hasta darse cuenta...

Falsa alarma

No consigo todavía tener un horario de sueño decente, de hecho siempre que escribo el blog lo hago a primeras horas de la madrugada. Me acuesto tarde, y me levanto con sueño; por eso mismo fue por lo que me molestó especialmente que el jueves me despertara a las 7:40 una atronadora alarma de incendios, que provocó que me levantara de la cama de un salto y como con un cegado espíritu de supervivencia, agarrara la bata, cogiera las llaves para candar la puerta y me saliera corriendo al pasillo. Allí me esperaba Boni, mi compañero indonesio, que también se encontraba en pijama y más al descubierto que yo, con manga corta. Salimos al exterior, donde los porteros nos apremiaban a abandonar el piso, a pesar de que éramos los primeros. Al parecer el resto de los estudiantes se tomaron su tiempo para vestirse y bajar abajo, para pronto descubrir con vergüenza como yo era uno de las solo cuatro personas que habían salido al aparcamiento en pijama... A esas alturas nos encontrábamos todos despiertos. "Así quiero que me levanten todos los días", comentó Petri. Los bomberos llegaron pronto y confirmaron la falsa alarma; y menos mal, porque estaba agitando todos los huesos de mi cuerpo de puro frío.

Boni me informó que a la noche podía ir con él a una cena con comida francesa que iba a dar Sophie, una chica francesa que conocí la primera semana. Me pasé la tarde durmiendo la siesta cubriendo mi sueño acumulado, así que cuando me desperté no tuve más tiempo que ir a hacer la compra y prepararme, sin darme tiempo a cenar nada. "Al fin y al cabo vamos a cenar, ¿no?" le comentaba a Boni mientras nos cambiábamos de bloque. Pero cuando tuvimos al alcance de nuestra vista la fachada de la casa, con paneles de cristal en el pasillo, nos sorprendió ver que estaban haciendo cola para entrar en la cocina. Al subir nos colocamos en una buena posición justo al lado del horno, por lo que nos dio tiempo a desgustar un poco de cada plato, y cuando crucé el pasillo para poder hablar con el móvil me sorprendí al ver que la cantidad de invitados superaba la veintena.

Salí hasta las tres de la mañana, una hora respetable aquí ya que es a la que cierran los bares. Luego perdimos un poco el tiempo en el Asda, un hipermercado 24 horas pero que cierra los domingos, y del que no he hablado hasta ahora, pero realmente se trata de una institución para los alumnos. Desde las tartas, a las galletas, pasando por los platos de lasaña precocinada y vodka de marca blanca, el logo de Asda cubre las estanterias de todas las cocinas de las residencias. Era la primera vez que entré por la noche, y la verdad creo que no se distinguiría en nada a cuando está cerrado al público, con todas las cajas tirandas por el suelo y los mozos colocando los productos, si no fuera por el par de cajeras que se colocan junto a la puerta para cobrar a los pocos noctámbulos que se acercan por allí. Tras enredar un poco con los disfraces de Halloween y comentar los distintos tipos de chocolate (como siempre, la marca Asda era la más asequible salvaguardando el sabor), me fui a casa donde tardé un poco en dormirme. Sobre la cama, escuchaba los gritos de borrachos que había fuera, y que me recordaban los frecuentes cánticos que se escuchan cualquier sábado por la noche desde mi casa en Salamanca. Escuché como uno de los nativos abandonaba el grupo para pasar corriendo al lado de las ventanas y dar un porrazo a cada cristal, y me sonreí al imaginar el sobresalto que le provocaría a más de uno el despertarse en medio de la noche con semejante espectáculo.

lunes, octubre 10, 2005

Cocina y cumpleaños


Ayer, como teníamos planeado, celebramos una especie de fiesta en la cocina de nuestro pasillo. Hace una semana habíamos ido nosotros a la fiesta de Miia, un encanto de mujer, la mejor amiga de nuestro compañero finlandés, así que ahora nos tocaba a nosotros hacerla e invitar a los mismos que se unieron a la otra fiesta. A estas personas se añadían los españoles, a quien había encargado de avisar a mi compañero Víctor, ya que la mayoría de ellos viven en su mismo bloque.

En la fiesta pasada me equivoqué de hora y cuando estaban todos arreglados a punto de irse yo acaba de volver del hipermercado y me disponía a tomar la cena... Hubo bromas sobre cómo aparecería yo en la cena, en chandal y buscando hueco entre las botellas para poder tomar a gusto mi tortilla y mis filetes. Pues casi ocurrió. También fui al hipermercado, también se me pasó la hora, y si no se repitió la situación mencionada fue porque todos los invitados llegaron tarde. Me tocó ir a buscar a los españoles, que no daban señales de vida, y me sentí fatal cuando al llegar a su bloque Víctor ni se preocupó en abrirme la puerta ni darme explicaciones de su tardanza. Pensé que se habría olvidado de todo, que no habría avisado nadie y que habría preferido hacer sus propios planes... Pero al final no había pasado nada de eso, y aunque sólo vino con él otra chica más (las otras estaban enfermas o ilocalizables) no se echó en falta más gente.

La fiesta estuvo entretenida: la conversación derivó como siempre hacia el aprendizaje de expresiones comunes en otros idiomas y, como era de esperar, derivó a los insultos. Construimos una cerverámide que llegó hasta el techo y que no sé quién fue el que tuvo el valor de desmontarla esta mañana, y felicitamos a Boni, el benjamín indonesio, que alcanzaba la mayoría de edad a la media noche.

A la hora conveniente nos bajamos al centro, a una discoteca bastante popular pero a la que nunca había entrado, llamada Atlantis. Un laberinto de escaleras y habitaciones te llevaba a varias salas de música donde se podía escuchar desde dance del bueno hasta música negra, del que no aguanto más de cinco canciones seguidas, aunque ni siquiera soy capaz de captar cuando acaba una y empieza la siguiente. Me sentí realizado al conseguir finalmente el nombre de una canción que llevo escuchando dos veces cada vez que salgo, y que para mí casi se ha convertido en un himno de la fiesta: no era otra que "Doctor Pressure", de Mylo. Mientras me iba de la sala, me asusté al tener otro altercado con una inglesa, que se me apareció de repente para empezar a peinarme el flequillo con la mano... ¿Sería la misma chica que el otro día, o es que mi pelo se trata aquí realmente de una eventualidad?

Hoy el día no ha sido muy activo, lo típico después de un día de fiesta. Lo divertido fue que a la noche hice salir corriendo del cuarto a Boni, preguntándole que si sabía quien había quemado la hornilla de la cocina. Al llegar al cuarto común se encontró mostrándole una tarta sobre la mesa y al resto de mis compañeros cantándole el cumpleaños feliz. Fue un detalle muy simpático, durante el cual estuvimos bromeando sobre mi creciente mala fama de cocinero, de la que un día de estos os tendré que contar algo.

sábado, octubre 08, 2005

Uno que llega, otro que se va

El lío de las asignaturas sigue, y no quiero marear más sobre el tema, pero es lo que ha habido estos días... El resto de nuevas asignaturas ha ido mejor, espero no tener problemas en ninguna de ellas, pero sobre la que tenía problemas no encontramos soluciones. Tuve que pedir consejo a un profesor de mi universidad que no era el coordinador porque éste no nos respondía a los emails. Al final nos contestaron los dos, obviamente el coordinador no lo hizo hasta que le avisó su compañero, y al parecer difieren en opiniones. Uno dice que busquemos una alternativa a la asignatura que no podamos cursar y nos instó a no perder los ánimos y seguir trabajando en ello hasta conseguir una solución. El otro nos recomendó seguir asistiendo a ambas clases, tanto a la de Java como a la que requiere Java, ya que aunque no nos enteremos al principio al mes empezaremos a comprender ambas partes y se podrá solucionar el problema. Ante la imposibilidad de encontrar alternativas, forzosamente nos veremos obligados a realizar lo segundo (o ir a septiembre, por supuesto).

Hace una semana llegó un greco-chipriota llamado Marius, un chico delgado y tímido que no habla demasiadas palabras en inglés y que estudia lo mismo que yo, por lo que hemos coincidido en varias clases. Por otra parte, el primer mauriciano que he conocido en mi vida y el único con el que he compartido pasillo, ha dejado la casa. Encontró a unos amigos de su país que tenían un piso alquilado y el cual le saldría mucho más barato que la residencia. Se supone que dejó la habitación hace unos días pero desde entonces ha pasado varias veces por aquí en el taxi de uno de los amigos para recoger su equipaje u objetos que se le habían ido olvidando. No sabemos si estará de vuelta de nuevo uno de estos días... ¿Llegará alguien más para ocupar la habitación que queda libre? Habiendo empezado el curso no lo vemos probable.

Hoy ha tenido lugar una reunión en la cocina, a la cual nos convocó Hannah, la ayudante de nuestro bloque, una chica negra un poco tímida a la que todavía no consigo entender en plenitud todo lo que dice, pero hoy al menos he captado lo fundamental. Nos ha advertido de las mismas incidencias que comentan todos los panfletos, pero lo que me ha dejado consternado es uno de los detalles que ha comentado con uno de mis compañeros.

Todavía no os lo había contado, pero los barrios colindantes a la residencia no son de lo mejorcito, y hay que tener la precaución de no ir solo por la noche, a sabiendas de que los estudiantes suelen ser objetivos golosos para los delincuentes. Ya había tenido noticia de un robo de portátiles y algún atraco mientras alguien fumaba a la puerta, nada que no se pudiera lamentar más que económicamente por lo que no tenía excesivo temor a lo que me pudiera pasar, especialmente siendo chico, pero parece ser que no estoy eximido de ciertos peligros, o al menos ya se ha dado un caso... Me quedé bastante sorprendido cuando comenté con mis compañeros la noticia, a quienes no pareció sobresaltarles demasiado. No me dieron ningún detalle en concreto al respecto, así que tendré que informarme más.

Y mañana fiestuqui en la cocina. Si queréis venir alguno, podéis pasaros por aquí, que sepáis que estáis todos invitados. :)

martes, octubre 04, 2005

Un día de mierda

Por mucho que intento adaptarme a los nuevos horarios, todavía no he conseguido levantarme antes de las once y así hacer propiamente un desayuno y un lunch separados, pero debido a que el primero se toma nada más levantarse y este segundo sobre las doce, no me ha quedado más remedio que prepararme un brunch en el que tomo un poco de las dos cosas. Sin embargo, esto hace que con la cena sólo tome dos platos al día, lo cual no me parece nada saludable mantenido durante mucho tiempo.

Hoy por la tarde he asistido junto con Víctor a mi primera clase, Herramientas de Desarrollo de Software. Tras dar con la ubicación de la clase, nos encontramos con un aula enorme lleno de mesas redondas con cuatro ordenadores y cuatro cómodas sillas con ruedas cada una, sin que hubiera ninguna superficie reservada para el profesor, cuya presencia se pasaría inadvertida si no fuera la única persona que estaba de pie en la sala. Esto me hace pensar el nuevo estilo de clases a las que voy a asistir, en las que es el alumno mismo el que tiene que estudiar el temario a partir de la documentación que le ofrecen y sólo se consulta al profesor en caso de duda.

Tras saludar a los otros dos Erasmus alemanes que estaban en otra mesa, descubrimos con temor cómo los estudiantes se ponían a realizar directamente los programas en Java sin ninguna explicación previa. Como ya comenté otro día, en mi facultad no se estudia este lenguaje hasta cuarto curso, por lo que fuimos prestos a comentar al profesor nuestro problema. Como si fueramos niños castigados que van de camino al despacho del director, seguimos a una profesora que nos llevó hasta donde se encontraba Jasbir, el coordinador que nos había ayudado a elegir las asignaturas. Tras explicarle nuestra situación y analizarla, me informó que no podría ejercer este curso la asignatura sin conocer Java, así que salimos de su despacho desesperanzados sabiendo que no nos van a convalidar una de las asignaturas más duras de la carrera, Ingeniería del Software.

Al llegar a casa, me sentí derrotado, asqueado, sin ganas de hacer nada delante del ordenador (aunque mi propósito inicial era echarle un vistazo a ese dichoso lenguaje), me dispuse a charlar con algunos amigos por el Messenger y descubrí que estaba de mal humor, impregnando todas las frases con un tono de aspereza. Al comentárselo a Víctor me declaró que él se sentía exactamente igual que yo. En ese momento sentí en mi cabeza una nube de humo tan oscura como las que habían asolado Wolverhampton durante todo el día, mis párpados se entornaban y mi labio superior se contraía. Me sentí de pronto muy cansado, con ganas de irme a la cama y terminar de una vez con este asqueroso día. "vaya un día de mierda", escribí en la ventana de conversación, pero cuando para cuando pulsé Enter Víctor ya se había desconectado.

viernes, septiembre 30, 2005

Asignaturas

Mis vacaciones están llegando a su fin. A pesar de que en mi universidad de Salamanca todos los estudiantes llevan teniendo clase desde el 20 de septiembre, aquí el curso no comienza hasta el día 3 de octubre. Estos días han sido dedicados a introducir a los alumnos de intercambio en el nuevo ambiente, y más adelante, cuando han llegado los locales, han servido para darnos tiempo a matricularnos. Esta tarea, que en realidad no ocuparía más de un día, se ve imposibilitada muchas veces por la poca disponibilidad de los profesores. Llevamos buscando desde hace unos días al coordinador, llamado Timothy, sobre el que tenemos una seria discusión sobre si es un nombre de hombre o mujer, pero no hemos conseguido desvelar este secreto debido a que han ocurrido muchos contratiempos para que no nos podamos encontrar cara a cara, entre ellos y muy importante, que nunca ha aguantado más de una tarde en su despacho.

Tuvimos una reunión hace unos días, donde conocimos a Jasbir, uno de los profesores que nos ha ayudado a elegir las asignaturas. A pesar de tener ascendencia probablemente pakistaní, su aspecto rechoncho, bajito, con bigote, pelo oscuro y piel morena le dan cierta apariencia del típico español cincuentón. Tras esta reunión, nos invitaron a comer unas snacks y patatas que habían preparado, y como no se quedó nadie pues mi compañero Víctor y yo aprovechamos la situación para contrarrestar el lunch deficiente que habíamos tenido. Ya que eramos los únicos españoles en la sala, empezamos a hablar en voz alta sin cuidar lo que decíamos. En cierto momento Víctor me comentó "¿No lo sabías? Consolador se dice dildo", a lo que yo repetí en alta voz "¿DILDO?", para consecuentemente observar cómo todos nuestros futuros profesores, presentes en la sala, nos dirigían una disconforme mirada de reojo.

En otra entrevista con Jasbir quedamos en elegir las asignaturas que podríamos escoger para convalidar con las de España. Encontramos varios problemas, entre ellos que todas las asignaturas parten de la base de que hay que saber Java, y en Salamanca sólo damos C (ni siquiera C++) así que tendríamos que compaginar el aprendizaje de este lenguaje con el uso de éste en otras asignaturas. Por otra parte, casi todas las asignaturas que escogimos eran de primero y de segundo, y el proyecto está aquí organizado para cursarlo en el tercer curso, así que nos vimos imposibilitados a escoger esta asignatura aunque encontramos una asignatura "sucedánea" de proyecto en 2º, sin carga de investigación pero que nos serviría. Esperemos que el coordinador de Salamanca no encuentre ningún problema.

Al intentar entregar el acuerdo de estudios, nos dijeron que teníamos que ir a ver a la profesora de idiomas Judith Copage ("la Yudi Copaje", para los españoles) ya que teníamos más de cuatro módulos por semestre. Al entrar en su despacho nos encontramos a una profesora muy simpática y abierta que no dudaba en lanzarnos elogios al ver las notas de los exámenes de idioma, pero que nos advirtió que teníamos problemas para expresarnos oralmente. En una animada charla en la que se mostró muy cercana a los alumnos, nos pidió que si escogíamos su asignatura no la abandonáramos a la mitad, ya que conocía el caso de otros alumnos con cinco asignaturas por semestre que acaban dejando la clase después del primer mes. Nosotros acordamos este primer semestre hacer la prueba y compaginarlo todo, pero a nuestros adentros pensábamos que cinco asignaturas de tres horas no era nada comparado con lo que tuvimos en España, alrededor de seis horas de clase consecutivas al día. Quizás la carga de deberes para casa sea más alta aquí y eso aumente considerablemente el tiempo a dedicar en cada módulo, aún así confiamos en poder compaginar todas las asignaturas sin tener problemas hasta final de año.