Birmingham - Liverpool

Desde que llegué a Inglaterra, una de las cosas que tenía escrita en mi lista imaginaria de cosas pendientes era ver un partido del Liverpool, cuyo entrenador es el español Rafa Benítez y en cuya plantilla se encuentran nacionales de la talla de Gerard, Xavi Alonso y Morientes. Al principio de curso algunos chicos de Flint House fueron a Birmingham a ver al Liverpool. Me enteré al día siguiente de que habían ido allí y además les había sobrado una entrada, perdiendo la oportunidad perfecta.
Habiéndole comentado a mi amigo alemán Ludwig que quería ir a ver algún día a este equipo, comprobamos si estaban citados en algunos de los estadios de Birmingham (la ciudad más cercana a Wolverhampton) y al no ser así, me olvidé del tema. Para mi sorpresa, ayer me mandó un mensaje Ludwig diciéndome que hoy iría temprano a Birmingham para conseguir entradas para el partido Birmighan-Liverpool, semifinal de la FA Cup y que se celebró esta noche.
Después de reunirme con Ludwig y Sonker (un alemán que conocí en mi clase de inglés), nos dirigimos al estadio, donde me sorprendió la poca gente que llevaba distintivos de su equipo. A todo esto, yo llevaba en la mochila una bufanda del Liverpool, pero no me atreví mucho a mostrarla pues nos habíamos colocado en lo que llamamos el fondo sur.
Empieza el partido. Estamos tomando asiento y de pronto el fondo norte grita gol. Los locales se llevan las manos a la cabeza, y nosotros tres, colocados en sitios separados pero cercanos, nos miramos con cara incrédula. Pasan cinco minutos. Al portero local se le resbala el balón entre las manos y el balón va dentro. En este momento, el partido podría darse por acabado.
Marcan otro gol antes del segundo tiempo. Cuando salimos al descanso, algunos ya se van a casa. Después de comentar nuestra mala suerte por ver un partido sin emoción, Sonker propone tres goles más. Se equivocó y acertó a la vez, porque hubo tres goles más, sí, pero en un total de cuatro, a cada cual más ridículo. Lo peor de lo situación es que a nosotros nos entraba la risa, sin que fuera acertado dar muchas razones a los locales para tener una discusión con ellos.
Altercados: un par de personas que salieron al campo, entre ellos una agresiva que se atrevió a dar patadas mientras le atendían en el suelo. Por otra parte, en el cuarto gol un seguidor del Birmingham en nuestro fondo irónicamente celebró el tanto. Otro fan no debió encontrar muy graciosa la intervención y mientras le lanzaba gritos hacía el gesto de empezar a saltar de fila en fila para mostrarle su reacción a la broma. Se quedó en eso. Y luego, provoqué una innecesaria situación de riesgo cuando buscando mi gorra entre las prendas de la mochila saqué por equivocación la bufanda del Liverpool, en un lugar no demasiado adecuado.
El resultado final fue 0 - 7. Tantos goles como el primer partido que fui a ver (aquel inolvidable Salamanca - Barcelona), pero eso sí, un poco menos balanceado. Cuando salimos del estadio no podíamos creer lo que habíamos visto, tratándose además de la FA Cup. A la salida de la estación de Wolverhampton sustituí mi bufanda de colores por la del Liverpool, y me dispuse a pensar en el nick que me pondría en el MSN para dar envidia a mis compañeros.
