Con mis padres en Birmingham

Este fin de semana vinieron a visitarme mis padres. Es un ejercicio extraño, porque se trata de verlos a ellos en un lugar en el que, lo más significativo, es que ellos no están aquí. Cada día que me levanto me siento extraño, es como tener un poso de pensamientos, por una parte me sorprendo de encontrarme aquí y no en mi casa, y por otro me parece que llevo levantándome de esa cama todos los días de mi vida.
Encontré a mis padres como siempre, la verdad; en realidad no ha pasado apenas tiempo, poco más de un mes, pero a mí me parece muy lejano aquel día en el que, con un fuerte dolor en el estómago, me encontré en Birmingham bajo un cielo totalmente encapotado que teñía todo de gris. Quizás noté a mis padres un poco más mayores, o a lo mejor solo es que para darte cuenta de los cambios paulatinos tienes que mirar un rato hacia otro lado. A pesar de todo esto, pensé que eran los mismos de siempre: mi padre, inquieto y activo, y mi madre, persistente y comprensiva, con las mismas bromas, los mismos gestos, y también, las mismas riñas.
Estuvieron pocos días, y casi todo el tiempo lo pasamos en Birmingham; allí les llevé el primer día, donde pude disfrutar de una visión de la ciudad que no guardaba. Tanto por los comentarios que me hicieron sobre Birmingham antes de venir, como la impresión que me llevé al llegar a la estación de ladrillo ennegrecido por los humos febriles, me decían que la ciudad sería totalmente industrial, sin ningún tipo de interés turístico, tan solo una serie de bloques de piedra y planchas de industria que albergan la segunda población más grande de Inglaterra. Sin embargo, gracias a esta visita con mis padres, disfruté de todo lo que la ciudad puede mostrar, aquellos edificios que hablan de la abundancia que produjo la industria hace ya 150 años.
Como la zona comercial de Bullring, que me sigue pareciendo tan impresionante como la primera vez que la vi, muchas partes del centro de la ciudad han sido demolidas para levantar sobre ellas edificios de estilos de lo más actuales. Nos preguntábamos cómo es posible que al lado de la iglesia de St. Peter, seguramente el centro de la ciudad antigua, pudiera haber construido tantas construcciones modernas: nos supusimos que la mayoría de los emplazamientos antiguos serían complejos industriales, por lo que no tenía tanta importancia su demolición.
Luego nos fuimos a la acojedora cafetería de la librería Waterstone's que aprovecha las instalaciones de un antiguo banco. Se trataba de una sala pequeñita, del tamaño de un cuarto de estar, con sillas, mesas y papeles tapiz al estilo inglés: el resultado era un lugar de lo más confortable desde el cuál observar las calles mojadas de Birmingham. Mientras fuimos a pedir, mi madre se que quedó sorprendida al observar a una chica joven y bien maquillada: se entretenía en hablar con "alguien" que debía estar colocado entre su silla y el cristal de la ventana, haciendo los mismos gestos con la cara que hace una persona en una conversación e ignorando completamente a quienes estaban a su alrededor. En fin, se puede unir a la banda de personajillos que vamos conociendo en Birmigham.
Más tarde nos dimos un paseo por los canales, con puentes estrechos y barquitos alargados como los que ya había visto en Stratford, patos, y hojas, muchas hojas que quedaban presas en las estancadas aguas de los conductos. Otra vez observamos el curioso funcionamiento de las esclusas, que además eran muy necesarias ya que los canales estaban construidos a varios niveles: tan pronto entrabas en un centro comercial desde uno de los canales cuando advertías que para salir a la altura de la calle tenías que bajar varios pisos. Según volvimos hacia el centro, entrando desde el oeste, encontramos una plaza desde la cual, en un mismo punto, podías ver unos seis edificios modernos y contemporáneos de los más distintos estilos, todos unos juntos de otros.
Y así, ya anochecido, fue como volvimos de mi segunda experiencia en Birmingham, con muchas más bolsas que con las que fuimos.


